Leyenda Urbana: El callejón del Aguacate

¿Ya visitaste el callejón del aguacate?

¿Qué pueblo que presume de sus tradiciones, no cuenta también con sus leyendas? Coyoacán siempre ha tenido sus historias, desde almas en pena, hasta indicaciones para tesoros escondidos. Es frecuente que en Coyoacán se hable de lugares o casas en las que “espantan”, pues aparecen fantasmas, puertas o ventanas que se cierran solas, cadenas que se arrastran ó bolas de fuego danzantes por las noches.

México se ha caracterizado por tener una gran cantidad de leyendas, como “La llorona”, “La luna y el sol”, “Los volcanes”, etc. Estas leyendas son las típicas conocidas por cualquier buen mexicano, sin embargo, hay una leyenda que es muy mencionada es : “La del callejón del aguacate”, pero la conoces bien.

Todo pasó en la época de Lázaro Cárdenas, que era un tiempo de contrastes, de parte del gobierno y en contra, con tantas cosas en juego, era mejor saber quienes eran los amigos y quien los enemigos, por lo que gente se reunía a jugar con la ouija, como una familia que vivía en el callejón del aguacate.

En una de las ocasiones, resultó que la ouija les dijo que uno a otro se iban a traicionar faltamente. El dueño de la casa decidió que no iba a ser traicionado por nadie, por lo que se adelantó a los hechos y mató a los señalados por la ouija. Para esto, los invitó a una sesión normal en su casa. Una vez reunidos alrededor de la mesa en la que colocaban el instrumento, apareció con una pistola y los mató incluyendo a su esposa. Para ocultar sus asesinato, a todos los enterró en el jardín. Pasó un año y nadie supo del crimen. El malvado pareció disfrutar como nunca de su fortuna, hasta que un día sus amigos notaron su ausencia prolongada y decidieron ir a su casa para saber como estaba. Todo estaba en silencio.

Creyeron que la casa había sufrido un robo y con ayuda de la policía derribaron la puerta. Cual sería la sorpresa al encontrar el cuerpo de su amigo sin cabeza. En la casa todo se hallaba en orden, pero a diferencia de los cuerpos que encontraron en el jardín, la cabeza del dueño no apareció jamás.
¿Y tú has jugado a la ouija alguna vez?

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